Catedrático de Historia Económica de la Universidad de Málaga
Cronista Oficial de la Ciudad de Antequera

antonio_parejoJuan Bruno Zayas de la Portilla ha escrito un libro modélico. Lo es por numerosas razones. Bastaría con reconocerle el extraordinario esfuerzo de recopilación documental que ha realizado durante los últimos quince años. Simplemente por la paciencia, minuciosidad y el empeño demostrado a lo largo de todo este tiempo ya merecería la consideración de los investigadores y de todo aquel lector potencial de estos dos gruesos volúmenes.

Pero aun siendo importante, se trata de una razón menor. Nos encontramos ante un trabajo de alta erudición, realizado por un autor que no sólo demuestra profundo conocimiento de heráldica y genealogía, sino que además es capaz de insertarlos coherentemente en un contexto histórico de más de cinco siglos y en un medio geográfico muy disperso que abarca varios continentes.

Permítaseme señalar como, desde esta doble perspectiva, la obra resulta utilísima para el conjunto de la comunidad científica interesada por la historia y especialmente para aquellos que trabajan en historia local y en historia social, en concreto en historia de la familia y de las mentalidades: a los primeros, amén de numerosísimos datos puntuales, les brinda valiosas noticias sobre el papel que las élites; desempeñaron en la conformación de determinados núcleos urbanos –Écija o Antequera, por ejemplo; a los segundos, un voluminoso material en el que pueden contrastar el sentido de las estrategias familiares a largo plazo, las dimensiones de las redes de parentesco, los comportamientos reproductivos o la trayectoria de las corrientes migratorias internacionales. A unos y otros estos Orígenes… les recuerdan la importancia de la microhistoria y el papel decisivo que determinadas biografías desempeñan en el curso de los acontecimientos históricos.

Concretaré lo que pueden suponer todas estas contribuciones para la historia de la ciudad que mejor conozco. El apellido Zayas tuvo una relación muy intensa con Antequera, al menos durante los dos siglos posteriores a su incorporación a la Corona de Castilla. Sin embargo, lo que hasta ahora sabíamos sobre la familia era poco y fragmentario: la gente de la calle apenas recuerda la situación de sus casas principales —en la calle Nájera, frente al Museo, derruidas hace poco menos de medio siglo—, mientras que los historiadores tan sólo manejábamos algunos nombres, si bien muy significativos para la primera historia de la ciudad: uno de los primeros Zayas avecindado en Antequera —Luis de Zayas y Eslava— fue lugarteniente del último de los alcaides cuando éste fue lugar de señorío —entre 1472 y 1527—. Elena de Zayas, fue la esposa del Narváez que recuperó el cargo y con él el carácter realengo del municipio: Ruy Díaz de Narváez y Rojas, Comendador de Castilla, “el de la Gran Lanzada”, cuya vida conocemos gracias a la obra literaria de José Antonio Muñoz Rojas. Y sabíamos también que a finales del siglo XVI otro Zayas, de nombre Cristóbal, fue uno de los dieciséis firmantes del pacto secreto por el que las grandes familias antequeranas se repartían el gobierno de la ciudad, lo que demuestra la permanencia secular del linaje entre los más principales, junto a Rojas, Narváez o Chacón.

Pero poco más. La impresión que teníamos es que el peso de la familia —su influencia política, su patrimonio— se iba diluyendo conforme avanzaba la Edad Moderna, quedando liquidado cuando uno de los descendientes de la rama antequerana terminó mudando el solar a otras latitudes. Hasta que ha llegado del otro lado del Atlántico Juan Bruno de Zayas para poner las cosas en el justo lugar. Su obra agranda nuestros conocimientos hasta límites extraordinarios, de tal manera que lo que eran individuos aislados, sólo ocasionalmente emergentes como protagonistas en la historia de la ciudad, se convierten en miembros de un linaje profundamente vinculado a Antequera durante más de doscientos años y que además estableció relaciones de parentesco con las familias principales.

Pero Antequera sólo es una de las ramificaciones de una presencia geográficamente mucho más compartida. El linaje está presente a lo largo de la historia en otros muchos núcleos urbanos. Gracias al impresionante trabajo de Juan Bruno Zayas podemos conocer hasta el último recoveco de esa localización. Esperemos que en un futuro próximo podamos contar con libros que sigan la estela de estos valiosos Orígenes… convertidos, por derecho propio, en una obra de referencia para la historia de nuestra ciudad, pero también en un modelo para aquellas investigaciones genealógicas que pretendan ir más allá de la mera identificación y no se reduzcan al mero análisis descriptivo.

Antequera, primavera de 2003